«Y vio Dios que era bueno»

Reflexión B sobre: TDC 02 (12.9.1979).

San Juan Pablo II sostiene que la frase del Gn 1,31 («Y vio Dios ser muy bueno cuanto había hecho») es la base de comprensión del principio «ens et bonum convertuntur» (ente y bien son convertibles, es decir lo que existe es bueno), tan importante para la filosofía medieval. Seguido afirma el Papa: «todo esto tiene su significado también para la teología y sobre todo para la teología del cuerpo».

Gn 1,31 confirma aquello que observábamos en la anterior reflexión: la creación es buena, es decir, todo lo existente, por el hecho de existir es bueno. Con esto aseguramos la bondad del cuerpo y todo lo que proviene de éste, como las emociones, sensaciones e impulsos.

Cuando vivía en Polonia, Karol Wojtyła (Juan Pablo II) dedicó varios de sus artículos al tema del impulso sexual, algo controversial en el ámbito de la Teología Moral, siendo que hemos pasado por exacerbaciones del alma y, en pocas ocasiones, del cuerpo. En pocas palabras, nuestro autor llama la atención sobre la bondad del mismo impulso, siendo que es creado por Dios. El gran problema que surge de esta afirmación no refiere al impulso en sí mismo, sino cuando consideramos la interpretación que el mismo sujeto hace de aquel.

En la Teología del Cuerpo es esencial captar que las experiencias, incluso la del impulso sexual, tienen un significado original que refiere al origen de la Creación, sobre el cual Jesús llamó la atención al inicio de las Catequesis. También debemos recordar que la misma experiencia tiene un significado escatológico, que inclinan la mirada hacia la post-historia, la Resurrección. Más tarde volveremos sobre este tema.

 

Guido Alan Haase Espíndola

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